Por Armando Hernández Cruz* para SDP Noticias.
El pasado miércoles 4 de marzo, se celebró el 5° aniversario del Matrimonio Civil Igualitario en nuestra ciudad. El matrimonio es una institución que crea un vínculo conyugal entre sus miembros, permite establecer los derechos y obligaciones entre ellos y, de esta manera, otorga las bases para construir un hogar y una familia donde el amor y la armonía gocen de las mejores condiciones para poder existir. Y es que el amor es un elemento fundamental en la vida de cualquier persona por ser un ingrediente indispensable para acceder al más valioso de los tesoros humanos: la felicidad.
De tal manera, establecer los medios para que una sociedad transite por los caminos del reconocimiento a su derecho de amar significa abrir las puertas a una sociedad feliz. Por ello es importante celebrar que nuestra ciudad se perfila, cada vez más, como una sociedad abierta que trabaja para lograr que todas las parejas que han decidido compartir la vida gocen de los derechos y responsabilidades que brinda la ley.
Una ciudad que parte del amor como valor y como práctica, como forma de relación y como principio moral, es una ciudad que tiene dentro de sus más altos objetivos la calidad de vida de sus habitantes. La práctica constante del amor es generadora de paz interior y exterior, es así que la realidad, a través de los ojos del amor, adquiere un sentido transformador, gracias al cual podemos incidir en la resolución de conflictos sociales. Debemos seguir trabajando para lograr garantizar el respeto y el cuidado a las muchas diferencias que nos distinguen como seres humanos libres e independientes.
Tal y como se puede apreciar en la campaña llamada “El amor no tiene etiquetas”, de la organización americana sin fines de lucro “The Ad Council”, en donde se muestra a parejas de todos los sexos, razas y edades besarse detrás de una pantalla de rayos X (con lo cual es imposible discernir estas diferencias entre las parejas): en este mundo todos cabemos, debemos hacer a un lado los prejuicios y los estereotipos y respetar las diferentes formas en que el amor se expresa, nadie puede ser perseguido por sus preferencias sexuales, creencias políticas o religiosas. El gran tema filosófico, social y humano del siglo XXI es el respeto a la diversidad. Diversidad religiosa, política, étnica y, desde luego, sexual.
Sólo las sociedades cerradas y dogmáticas rechazan la pluralidad en todos sus géneros. En la Ciudad de México, nuestro marco jurídico institucional se ha transformado para reconocer y defender las diferencias en esta materia. Hace años que transitamos de las leyes sobre sociedades de convivencia hacia aquellas que protegen las garantías del matrimonio entre parejas del mismo sexo, lo que hace evidente que avanzamos hacia nuevos estadios de respeto a los derechos humanos y a la pluralidad.
Si, como hemos dicho anteriormente, el amor implica y promueve la equidad, incita a una vida armónica tanto en lo público como en lo privado; si el amor nos acerca a ser una sociedad tolerante e incluyente, eso no debe dejar en el olvido la tarea de pensar en aquellos que, en los ajustes inevitables de la ley y su administración, todavía no tienen un rostro visible para el poder. Aquellos que, en la exterioridad de su existencia habitaban, como lo era hace cinco años, las zonas no visibles para la ley que en toda sociedad tienen lugar.
Que el amor sirva de faro para guiarnos en la búsqueda de una sociedad más igualitaria e incluyente, porque amar al otro puede ser un acto de comprensión, de narcisismo o de interés; pero amar al diferente, al extranjero, es la verdadera prueba de inclusión y tolerancia de una sociedad.
Pugnar por afianzar los derechos de los hombres y de las mujeres representa un avance hacia la tolerancia, pero pugnar por los derechos de las personas sin más, sin distingos de otra naturaleza y sin atender a diferencias que hoy ya no lo son, es más que un paso hacia la inclusión, que, por la naturaleza inherente a toda sociedad, es siempre incompleta, pero nunca olvidada, siempre presente en cada uno de los objetivos propuestos y esfuerzos concretos que, como sociedad moderna, llevamos a cabo de manera cotidiana.
Luchemos por afianzar los derechos del hombre y la mujer y estaremos construyendo nuevas sociedades de equidad y de justicia; una equidad que precisamente en el Día Internacional de la Mujer es pretendida, y se busca crear las condiciones para que ésta sea una realidad.
*Doctor en Derecho por la UNAM. Especialista en Derecho Constitucional y Derechos Humanos. Magistrado Presidente del Tribunal Electoral del Distrito Federal.
Fuente: SDP Noticias
Artículo original: Quinto aniversario del Matrimonio Igualitario en la Cd. de México